Brisa Alonso




-En estos tiempos de cambios no profundos, de cambios  apresurados vale la pena detenernos ante la tarde o la noche, mojarnos los labios y ser actores de nuestras vidas representando lo mejor posible nuestro tiempo, nuestras debilidades y virtudes. Yo me detengo ante las maravillas que me conducen al teatro, al escenario, al actor interpretando un texto del Siglo de Oro, de la tragedia o de la comedia griega o del auto sacramental del Medievo y me maravillo en todos mis sentidos. Y uno de los elementos que más me atrapa es cuando un actor sabe hacer suyo un personaje y portar con garbo su vestuario, que nos encierra o abre la imaginación hacia otros sitios, otros espacios de nuestro inconsciente. 

-El vestuario tan fundamental en el escenario del cine o del teatro y podemos evocar otras épocas o crear universos distintos.

-Nosotros construimos desde el trazo, la línea, la costura, el punto y el bordado para armonizar y dar presencia a la seda, al brocado o a la tafeta que plasmo en sus cuadros Rembrandant o Velázquez, así mismo rehacemos y reinventamos los grandes telones como lo fueron para el Rey Luis XIV, o los paisajes de Moctezuma II o recreamos elementos pictóricos en el escenario.

-O simplemente hacemos realidad tu imaginación...